Junto a miles de personas, en esas maravillosas gradas de cemento del Anfiteatro Tito Puente, disfruté el domingo del 1er Festival de Reggae Latino en Puerto Rico. No es que le tenga una veneración al “Anfi”, pero casi cualquier fanático del género de reggae en la Isla le dirá que este es el sitio ideal para disfrutar la música y las vibras.
Mi experiencia fue diferente e igual a la de los otros conciertos que he asistido en el anfiteatro. Me acabé la cerveza, que compré afuera porque son más baratas y entré por el camino paralelo a un lago artificial que encuentro muy bonito. Por la mala ubicación de los baños públicos siempre hay que escurrirse entre la fila para éstos y el bullicio general para poder alcanzar las gradas. Así, entre la gente, encontré a mis amigos, mientras Quique Neira comenzaba su primera canción.
Neira, cantante del grupo chileno Gondwana, hizo del comienzo del concierto uno casi religioso. Pero no me refiero a la “experiencia religiosa” de la que habla Enrique Iglesias, sino que literalmente parecía predicar un mensaje a la muchedumbre, sus cientos de seguidores. No me mal interpreten, yo viajo en la misma vibra de paz y amor y de “todos somos uno”, One Love, como decía el idolatrado Bob, pero la música reggae se basa en una religión (Rastafari) y a veces me turbo con el mensaje profetizante. No obstante, canciones como Armonía de Amor, Felicidad, Sentimiento Original y Mr. Powerman nos hicieron cantar y bailar al ritmo del sentimiento de solidaridad y paz, que son uno de los puntos esenciales del reggae. Su última canción fue Guerra, la cual cantó luego de que el público, ansioso por ver a los otros dos actos que aun seguían, gritara “otra” a media voz.
Luego de escuchar la canción Vamo’ allá del animador Audi, Cultura Profética apareció en tarima recibiendo el aplauso más caluroso de la noche. “Willie el de Cultura” expresó que deseaba envolver con tranquilidad el ambiente tocando temas como La otra galaxia, Siento, Ideas nuevas, Nadie se atreve entre muchos otros. Reclamados por el público cantaron una ñapa que, no a sorpresa de los espectadores, fue Fruto de la tierra.
Los Cafres, siempre animadores por excelencia, hicieron partícipe a la multitud dialogando con ellos durante la función. A pesar, Pobre angelito, Aire y Sin Semilla fueron parte de su repertorio. Culminado su set, se hicieron de rogar para volver a tarima. Ya era tarde y nosotros cansados pero deseosos de escuchar más, nos desgalillamos hasta que Guillermo Boneto, junto al resto de la agrupación, subieron a tarima junto a “Willie el de Cultura”. Los que no nos fuimos más temprano para combatir el tránsito, pudimos bailar los últimos pasos de la noche al ritmo de un jameo final.
Porque me da la gana de darme la autoridad, declaro que el, concierto fue un éxito total de principio a fin. Su objetivo se cumplió, darnos a nosotros los fanáticos del reggae una noche de esas de baile y música que tanto nos gusta, que mas allá de diversión nos hacen sentir a gusto con el prójimo y nos descansan la mente y, por qué no, hasta el espíritu.