Genética y los derechos humanos: utopía hecha realidad

por Amaya García Velasco
La ciencia tiene un mal nombre en muchos sitios. Inventos como la bomba atómica, del Manhattan Project y su comandante Robert Oppenheimer; y el agente naranja han sido utilizados por gobiernos para exterminar a sus oponentes o sus posesiones materiales. En Latinoamérica, dictadores como Augusto Pinochet utilizaron a profesionales de la medicina para ejecutar y torturar a sus ciudadanos debido a sus posturas políticas.

Precisamente a causa de las dictaduras, se han creado mecanismos nacionales e internacionales para proteger a las personas. En Argentina, aunque no se pudo detener la “desaparición” de miles de seres humanos por la dictadura de Jorge Rafael Videla desde el 1976 hasta el 1983, sus habitantes sí tomaron acción para restituir las identidades de estas personas, al igual que recuperar los hijos de muchas de las madres que fueron torturadas y asesinadas por este régimen. Así, las Abuelas de la Plaza de Mayo protestaron y reclamaron los derechos de sus nietos a ser devueltos a sus familiares legítimos, ya que muchos habían sido regalados a familias relacionadas a la dictadura o a los mismos torturadores, como un medio de continuar la represión política.

El doctor argentino Víctor Penchaszade, quien también sufrió la dictadura, ha dedicado su carrera científica a ayudar en la identificación de estos niños, con una técnica denominada el “Índice de Abuelismo”, que permite establecer paternidad o abuelidad de más del 99.9 por ciento de estos casos. Como parte de la Séptima Conferencia Ciencia, Ambiente y Sociedad, Penchaszade estuvo de visita en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, donde narró su experiencia con la dictadura y ofreció detalles de sus proyectos para hacer la tecnología de la genética accesible a todos los ciudadanos del mundo.














Dr. Víctor Penchaszade

Al finalizar la dictadura, una de las primeras medidas del gobierno democrático en 1984 fue crear la Comisión de Búsqueda de Niños Desaparecidos. Para tal propósito, se creó por ley el Banco de Datos Genéticos, organismo que asistiría no sólo en la identificación de estos niños, sino en la determinación de identidad de personas enterradas en las fosas comunes. La técnica utilizada fue la misma del ADN, excepto que se utilizaba el ADN mitocondrial, que es igual al de los hermanos, padres, tíos y abuelos de estas personas.

El primer niño “desaparecido” fue encontrado a los 6 años de edad en el 1978. Hasta el momento, 88 personas han sido identificadas como niños desaparecidos, aunque aún existen jóvenes que, aunque se sospecha que nacieron en cautiverio, se rehúsan a hacerse la prueba de ADN. La identificación de estas personas permite que ellos puedan llevar procesos judiciales en contra de sus captores.

Aunque éste ha sido un avance positivo en la utilización de la genética, no se pueden olvidar los usos que ha tenido en contra de los derechos humanos. Entre ellos, Penchaszade destacó que, por muchos años, la genética estuvo relacionada al racismo, a la esterilización de miles de personas en Estados Unidos por pretexto de impedimento y el genocidio llevado a cabo por los nazis en Alemania. A esta práctica se le llama eugenesia.

El genetista también ha dedicado su carrera a promover el uso de la genética en la salud pública para detectar genes cuyas alteraciones predisponen a las personas a padecer enfermedades como la hemofilia, el albinismo y la fibrosis quística, entre otras. Pero, advirtió que se debe evitar el reduccionismo genético, y que el uso de esta tecnología debe ser voluntario y no se debe utilizar como mecanismo de discriminación social ni laboral.

Este avance médico aún no es accesible para la mayoría de los ciudadanos del mundo, en específico los países subdesarrollados. De ahí surge la pregunta: ¿Se podría utilizar la genética para identificar a los ciudadanos enterrados en fosas comunes en países en conflictos armados como Irák, Afganistán y África?
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“Es medio utópico pensar que se pueda hacer porque ni siquiera se sabe cuánta gente han matado. Las estimaciones son de medio millón de iraquíes víctimas de la guerra. Que de ahí se pueda hacer la identificación de cadáveres, técnicamente se puede hacer, pero se requeriría una cantidad de recursos bastante grande y por ahora, los que tienen esos recursos lo único que les importa es seguir matando gente”, expresó Penchaszade.

Por otra parte, el argentino también colabora con varios proyectos de salud pública en Latinoamérica y en el Caribe. Según el doctor, la Organización Panamericana de la Salud para la cual trabaja como consultor, asesora programas en distintos países. Por ejemplo, Cuba mantiene un programa de entrenamiento de genetistas a nivel nacional, al igual que un proyecto de prevención de enfermedades congénitas, realizando pruebas a los niños aún cuando están en proceso de gestación.

Avances como estos, son más difíciles de implementar en otros países de América Latina “por cuestiones que tienen que ver con la política del aborto. A nivel público, el diagnóstico prenatal en el resto de América Latina no está tan difundido. Sin embargo, hay otros programas, como tratar de definir la frecuencia de malformaciones congénitas por medio de la fortificación con ácido fólico de ciertos alimentos”, indicó.

Chile, Argentina y Brasil, son varios de los países que mantienen esta política de fortificación, para evitar malformaciones de algunos órganos como el tubo neural. 
    
Todos estos avances han permitido que la situación de derechos humanos en Argentina haya mejorado. El doctor Penchaszade elogió que el gobierno del ex presidente Néstor Kirchner haya tomado los derechos humanos como un asunto serio, desmantelando imágenes asociadas a la represión, llevando a cabo más de 500 juicios en contra de personas asociadas a la dictadura y trabajando con la restitución de la memoria histórica. En específico, se construyó un memorial a los desaparecidos en el Río La Plata.

“Lamentablemente, los derechos humanos no se agotan con evitar la tortura y las desapariciones. Está el derecho a la salud, el derecho a tener vivienda digna, el derecho a tener un empleo digno, y lamentablemente, los derechos en la Argentina todavía no están vigentes en forma plena”, comentó el experto.
    
Penchaszade recalcó que todavía hay pobreza, falta de fuentes de trabajo y una concentración “obscena” de riquezas en ciertas clases sociales. Esto continúa promoviendo la injusticia social para las clases marginadas. La internacionalización del derecho al bienestar  y a la salud todavía son asuntos pendientes.
     

Las abuelas de la plaza de mayo inciaron el proyecto de identificación de nietos desaparecidos