por Nibia M. Pastrana Santiago
A la Prof. Teresa Peña Jordán
por una clase llena de posibilidades
Entro al avión y diviso mi asiento. Lo miro con resentimiento porque sé que serán varias horas de lucha hasta llegar a Puerto Rico. Bailo un ratito sobre él, me abrocho el cinturón, respiro profundo y cierro los ojos… sólo deseo que no me toque un pasajero imprudente.
- You’re from the island, right? Escucho la voz, la identifico: pasajero imprudente.
-Sí…I mean, yes. Contesto soñolienta.
- That’s all right; I understand some Spanish, I´m Boricua!
Al oír esto, dudo de su procedencia y le pregunto:
- So… where are you from?
Él, muy seguro, me contesta:
- I’m from Moca, but I was born in New York.
Yo, aún sin entender, le digo:
- You mean your family is from Moca?
- Yeah! If my family is from Moca, I’m from Moca too.
El resto del vuelo no pude dormir. Pensaba y buscaba posibles clasificaciones para este individuo ¿Por qué no dice que es Nuyorican, y ya? ¿Es un Nuyorican que se cree puertorriqueño? Pérate… ¿Qué es un New-yo-ree-can? Confundida, ya no encontraba como apalabrar este issue y pensé en mí, “una verdadera puertorriqueña”, y la teoría de los opuestos.
Ediciones pasadas de LaJota...























Hice una lista mental de lo que implica llevar con orgullo el gentilicio de puertorriqueñ@ y nada concordaba con su profile. Definitivamente, alguien que no habla español y sólo ha visitado la Isla cinco veces en 30 años no puede ser puertorriqueño. No somos iguales, concluí; él es el otro, lo indefinible, lo que no es.
Y sintiéndome en el vuelo de La Guagua Aérea, desde mi interior escuché un eco retumbando que me decía: “pa’ sel puertorriqueño, eh velda’, hay que nacel en la Isla y vivil aquí”. En ese momento, entendí que este eco, con aires puritanos sobre lo puertorriqueño era el resultado de un prejuicio silencioso a la diáspora.
Mi deseo por definir, por colocar a este sujeto en un espacio, en un tiempo, bajo una identidad, era vano. Después de todo, ¿cuál es mi posición? ¿Acaso lo puertorriqueño se reduce al lugar y a la historia? ¿Las identidades son un mercado? En este negocio todos perdemos cuando nos boicoteamos.
Esta isla/archipiélago, fundad@ en una melcocha de identidades, quiere ser cast@ y no puede. Está sin anclar en un océano de posibilidades. Lo puertorriqueño es un Burger King que vende tostones, una imposición de lo criollo sobre lo invasor, una fusión de cosas tan antagónicas como un hamburger y un tostón. Un árbol de pino cogiendo sun tan en las Navidades. Un país sin día de independencia, pero con semana de la puertorriqueñidad. Una mata de plátano fertilizada con Miracle Grow.
Muchos cantan “yo sería borincano aunque naciera en la luna”, pero si el otro nace en la luna “que no se vista que no va”. El esfuerzo por reiterar la diferencia me parece absurdo, mientras que buscar la igualdad es utópico. Yo elijo la comprensión, la inclusividad, la pluralidad.
La segregación siempre resulta en elitismos… y entre el pasajero puertorriqueño y yo, existe un puente en diferentes tiempos.
“Somos una gente
Hay tantísimas fronteras
Que dividen a la gente
Pero por cada frontera
Existe también un puente”
- Gina Valdés